El Servicio Jesuita a Refugiados hace un llamamiento a la valentía y a la solidaridad en la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado

25 septiembre 2020

Cientos de familias desplazadas internamente que viven en la ciudad de Sharya y otras aldeas en Duhok, Iraq, tienen importantes necesidades de protección como consecuencia de un desplazamiento prolongado y el terrible trauma sufrido a manos del ISIS.

Este domingo 27 de septiembre se celebra la 106º Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, una oportunidad para detenernos y reflexionar sobre las necesidades de las personas desplazadas en todo el mundo y sobre cómo estamos llamados a responder a esas necesidades. Bajo el liderazgo del Papa Francisco, el tema de este año, «Como Jesucristo, obligados a huir», se centra específicamente en los desplazados internos. El Servicio Jesuita a Refugiados hace un llamamiento a la valentía y a la solidaridad para servir a todos los desplazados internos que viven situaciones de inestabilidad, marginación y desesperanza.

Si bien el reciente y trágico incendio del campamento de Moria, en Lesbos, Grecia, nos recuerda los peligros a los que se enfrentan los refugiados y los migrantes, los desplazados internos siguen representando el mayor número de personas desplazadas por la fuerza en el mundo, con un total de 50,8 millones de individuos que se han visto obligados a abandonar sus hogares como consecuencia de conflictos, violencia y desastres. Jamás se había alcanzado una cifra tan alta a nivel mundial, con todas las regiones del mundo experimentando algún tipo de desplazamiento interno. Las nuevas crisis humanitarias, como la reciente explosión en Líbano, y las emergencias sanitarias, como la pandemia del COVID-19, son la causa de nuevos desplazamientos para muchas personas en 2020.

Sin embargo, la realidad es que los desplazados internos a menudo son invisibles para los gobiernos y las organizaciones internacionales, cuya atención se centra en sus asuntos domésticos o en los movimientos migratorios. El acceso a las poblaciones de desplazados internos también suele ser limitado o restringido debido a los conflictos en curso o a la falta de reconocimiento de sus derechos y necesidades. En su mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiados de 2020, el Papa Francisco nos anima a “estar cerca para servir” y a “colaborar para construir”, características que requieren la valentía para poner el foco de atención sobre el clamor de los desplazados internos y trabajar para dar respuesta a sus necesidades.

Durante un evento sobre desplazamiento interno el 23 de septiembre organizado por el JRS y la Unión Internacional de Superiores Generales, María Santos, líder comunitaria y persona desplazada en el Valle del Cauca, Colombia, expresó: “Si hay oportunidades para la inclusión, podemos seguir adelante.” “Somos resilientes. Queremos continuar con nuestra vida a pesar de las adversidades del desplazamiento interno y seguir luchando por nuestros derechos.”

El JRS está en primera línea acompañando, sirviendo y defendiendo a los desplazados internos en 14 países mediante la implementación de servicios educativos, apoyo psicosocial, construcción de la paz o actividades pastorales, entre otras cosas. En Irak, los supervivientes del genocidio yazidí tienen importantes necesidades de protección como consecuencia de un desplazamiento prolongado y el terrible trauma sufrido a manos del ISIS. En Colombia, que apenas aparece en las noticias, el persistente conflicto armado ha provocado continuas oleadas de desplazamientos internos, a pesar del acuerdo de paz. Y en Siria, país con el mayor número de desplazados internos de todo el mundo, los niños y sus familias llevan soportando casi diez años de conflicto y tienen una gran necesidad de servicios educativos, sociales y sanitarios.

En este día tan importante, el JRS hace un llamamiento a sus colaboradores, a los legisladores y trabajadores humanitarios para que se solidaricen con los desplazados internos en su esfuerzo por restaurar y reconstruir un hogar para sus familias. Debemos unirnos a los desplazados internos para arrojar alguna luz sobre los desafíos a los que se enfrentan y focalizar tanto los recursos como la voluntad política necesarios para crear un cambio sostenible. Con el ímpetu ofrecido por el Papa Francisco, tenemos las herramientas adecuadas para ir más allá de una jornada en homenaje a los migrantes y a los refugiados y comenzar a desarrollar soluciones a largo plazo.