Más allá del trabajo: por qué la inclusión económica y la autosuficiencia son clave para la inclusión y la dignidad de las personas refugiadas

01 mayo 2026|Padre David Holdcroft SJ, Especialista en programas de inclusión económica

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La inclusión económica ayuda a las personas refugiadas a recuperar su autosuficiencia y su identidad profesional, favoreciendo su integración. Cursos de formación profesional en Bambari, República Centroafricana (Servicio Jesuita a Refugiados)
Cursos de formación profesional en Bambari, República Centroafricana (Servicio Jesuita a Refugiados)

El trabajo en medios de vida e inclusión económica para las personas refugiadas va mucho más allá de ayudarles a encontrar un empleo: se trata de restaurar la autosuficiencia y la identidad profesional de cada persona, al tiempo que se favorece su inclusión en la nueva comunidad en la que vive.

Los procesos de negociación de los objetivos comunitarios, la formación técnica, el trabajo con los mercados y el acompañamiento a las familias para estabilizar su situación financiera desarrollan y fortalecen a la comunidad, y proporcionan a las personas refugiadas las competencias necesarias para vivir más allá de la asistencia humanitaria.

El artículo que sigue ha sido escrito por el padre David Holdcroft SJ, Especialista en programas de inclusión económica del JRS. Con sede en Roma, trabaja estrechamente con los equipos del JRS en todo el mundo para desarrollar y coordinar estrategias que ayuden a las personas desplazadas a reconstruir sus vidas a través de medios de vida sostenibles y la inclusión económica.

La importancia de la inclusión económica para las personas refugiadas y las comunidades de acogida

Con frecuencia me preguntan: «¿Por qué el JRS no se detiene cuando las personas ya han sido formadas en una habilidad y pueden ganar dinero?» Sabemos que, por lo general, las personas refugiadas se establecen en campamentos o en las periferias urbanas de las zonas más pobres de las comunidades de acogida. La vida allí es dura… para todos. Por ello, es nuestra responsabilidad acompañar a toda la comunidad —personas refugiadas y poblaciones de acogida— para que pueda avanzar.

Esto implica comprender el mercado, su funcionamiento, e identificar las barreras que impiden a las personas refugiadas y a los miembros más pobres de las comunidades de acogida participar en él. También supone trabajar con los actores locales e identificar dónde están las oportunidades. De este modo, creamos oportunidades para todos, sin enfrentar a personas o comunidades en una competencia por empleos o actividades económicas escasas.

Cuando una persona refugiada abre un negocio, queremos asegurarnos de que pueda hacerlo con éxito. Por ello, tratamos de crear un ecosistema de apoyo: facilitando el acceso a la financiación, asegurando que exista un mercado para los bienes o servicios, y evitando tensiones con miembros de la comunidad local que también luchan por su propio sustento.

A esto lo llamamos inclusión económica, aunque en realidad se trata de inclusión social y comunitaria. Y sabemos que ofrece resultados duraderos en términos de ingresos estables para las personas a las que acompañamos.

Romper el ciclo de la dependencia a ayuda humanitaria: por qué la autosuficiencia de las personas refugiadas es más importante que nunca

En los últimos años, la ayuda humanitaria se ha reducido drásticamente. Sigue siendo necesaria, especialmente para las personas más vulnerables dentro de las poblaciones refugiadas. Pero para quienes están en edad de trabajar, es mucho más importante poder ganarse la vida por sí mismos. Las personas recuperan el respeto por sí mismas, se conectan con la comunidad y llevan el pan a casa para su familia. Algunas personas refugiadas me lo han expresado así: «Solo cuando trabajas realizas plenamente tus derechos humanos».

Piscicultura en el campamento de refugiados de Kakuma, Kenia (Servicio Jesuita a Refugiados)

La mayoría de las personas refugiadas permanecen en su primer país de asilo. Los programas de inclusión económica del JRS están presentes en 38 países y tienen un coste medio de unos 200 dólares estadounidenses por persona y año. Este dinero se convierte en una inversión, no solo en el futuro de las personas refugiadas, sino también en el futuro de toda la comunidad. Muchos gobiernos reconocen hoy la contribución de las personas refugiadas al desarrollo de sus economías y están buscando formas de aumentar este impacto. Se trata, sin duda, de la «solución duradera» más ampliamente disponible en la actualidad, ya que permite a las personas refugiadas superar lo antes posible la ruptura causada por la experiencia del desplazamiento.

El impacto humano de los programas de medios de vida para las personas refugiadas

Los proyectos de inclusión económica para las personas refugiadas no se limitan a encontrar un empleo. El trabajo restaura la identidad, expresa la dignidad humana y devuelve un sentido de propósito a la vida.

El papa Francisco afirmó: «El trabajo humano es la vocación del hombre [sic] recibida de Dios… El trabajo es lo que hace al hombre semejante a Dios, porque con el trabajo el hombre [sic] es creador, es capaz de crear muchas cosas; incluso de crear una familia para seguir adelante. El hombre es un creador y crea con el trabajo (…) Es la primera vocación del hombre: trabajar. Y esto le da dignidad al hombre. La dignidad que lo hace parecerse a Dios. La dignidad del trabajo».

Al trabajar para ayudar a las personas refugiadas a encontrar empleo o a iniciar un negocio, las ayudamos a recuperar su sentido de propósito y su capacidad de contribuir a su nueva comunidad y al mundo en general, lo que da sentido a la vida.

Una de las cargas más pesadas que soportan muchas personas pobres es la sensación de tener que depender de la generosidad y de las ayudas de otros. Aunque están agradecidas, desean profundamente recuperar su propio lugar en el mundo. El trabajo digno es el paso esencial en este proceso, ya que les permite recuperar su propia capacidad de decisión y acción.

Clases de maquillaje del JRS con mujeres sirias en Bar Elias, Líbano (Laura Paloma Terzo / Servicio Jesuita a Refugiados)

El enfoque del JRS en inclusión económica y medios de vida: los testimonios de Charles y Assiam

El JRS utiliza una combinación de enfoques centrados en la empleabilidad y en sistemas de mercado inclusivos, que crean oportunidades de empleo y de emprendimiento, y dotan a las personas participantes de competencias básicas y técnicas para acceder a ellas. Ambos enfoques parten del compromiso con la comunidad, basado en una relación de colaboración.

En Dilga, al norte de Camerún, los estanques de peces y los huertos facilitados por el JRS se han convertido en un verdadero sustento para la comunidad local. El JRS trabajó con las personas para encontrar formas de construir un futuro sostenible y fortalecer la paz y la cohesión social. Para mujeres como Assiam Djamba, los nuevos huertos significan mucho más que productos frescos: le ofrecen independencia económica. «Cuando instalaron el agua para la piscicultura, la aprovechamos. Con esa agua cultivamos el huerto. Estamos contentas de tenerla, porque así es como ganamos nuestro dinero», afirma. Ahora puede obtener ingresos suficientes para comprar productos básicos como jabón y medicamentos, y enviar a sus hijos a la escuela.

Oportunidades de medios de vida para las personas refugiadas en el campamento de refugiados de Minawao, Camerún (Servicio Jesuita a Refugiados)

Tras participar en el proyecto de Inclusión Digital de JRS‑Konexio, la vida de Charles cambió de forma radical. Como freelancer con una alta valoración en Upwork, obtiene ingresos de manera constante y ha invertido en herramientas esenciales para su trabajo, como un ordenador personal y unos auriculares Jabra. Sus ingresos le permiten cubrir sus propias necesidades y apoyar a su familia con alimentos, ropa y otros elementos básicos.

«Ahora consigo comer tres veces al día, tengo una planificación diaria como freelancer y paso tiempo en el JRS compartiendo buen ambiente con mis compañeros», explica.

El éxito de Charles va más allá de su hogar. A medida que su carga de trabajo ha aumentado, ha empezado a contratar a personas cualificadas de la comunidad para ayudarle a cumplir contratos, especialmente en proyectos de gestión de datos para empresas de inteligencia artificial que requieren hablantes nativos de lenguas locales. Tras la verificación por parte de los clientes, paga a sus colaboradores, proporcionando ingresos muy necesarios a otras familias refugiadas.

Este efecto multiplicador refleja uno de los objetivos centrales del proyecto: fomentar la autosuficiencia y el empoderamiento económico a nivel comunitario entre las personas refugiadas que, en Malawi, tienen restringido el acceso al empleo formal.

De la ayuda a la capacidad de actuar

La autosuficiencia de las personas refugiadas no es solo un logro individual. Es la construcción de una comunidad donde los niños van a la escuela, los medicamentos se pueden pagar, hay alimentos nutritivos en la mesa y las personas responsables del hogar ponen sus talentos dados por Dios al servicio del bien común. Y, sobre todo, restaura la identidad de las personas y les permite responder a su llamada a continuar la obra creadora de Dios en nuestro mundo actual.

Iniciativas de medios de vida en Colombia (Jonatan Bermudez Pascuas / Servicio Jesuita a Refugiados)