Entrevista: ¿Qué significa acompañar a las comunidades refugiadas en Australia?

12 octubre 2026

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John-Bosco, Director de Operaciones de JRS Australia, junto con miembros del personal, líderes y amigos de JRS Australia (JRS Australia)
John-Bosco, Director de Operaciones de JRS Australia, junto con miembros del personal, líderes y amigos de JRS Australia (JRS Australia)

Del 30 de septiembre al 2 de octubre, Roma acogió la conferencia Voces en acción: colaboración transformadora y solidaridad educativa con las personas refugiadas y migrantes (Voices in Action: Transformative Collaboration and Educational Solidarity with Refugees & Migrants), organizada por la Refugee and Migrants Education Network. El evento reunió a educadores, investigadores y profesionales para explorar enfoques innovadores y colaborativos en la educación de personas refugiadas y migrantes. Entre los ponentes se encontraba John-Bosco, Director de Operaciones del JRS Australia, quien compartió su perspectiva sobre la situación de las personas migrantes en Australia y sobre el papel fundamental de la educación en la preparación de una nueva generación de personas refugiadas para contribuir al desarrollo y crecimiento de sus comunidades.

¿Podría presentarse, por favor?

Mi nombre es John-Bosco Ngendakurio y nací en Burundi en los años 80’. Como consecuencia de la guerra civil de Burundi, en 1994 tuve que huir de mi país de origen y encontré refugio en Tanzania. Viví allí durante varios años antes de mudarme a Noruega. Más adelante, en 2010, me mudé a Australia para continuar mis estudios, desarrollar mi carrera profesional y formar una familia. Actualmente trabajo como director de operaciones del JRS Australia.

John-Bosco, Director de Operaciones de JRS Australia (a la izquierda), junto a algunos amigos de JRS. (JRS Australia)

¿Podría contarnos un poco más sobre el contexto local en el que trabaja?

En Australia, trabajo principalmente con personas solicitantes de asilo. Mi labor consiste en brindar diferentes tipos de apoyo a quienes buscan protección en el país, aunque también acompañamos con frecuencia a otras comunidades en situación de vulnerabilidad.

Históricamente, Australia ha adoptado políticas migratorias restrictivas destinadas a desalentar o impedir la llegada de nuevas personas migrantes. Como resultado, las personas solicitantes de asilo se han convertido en uno de los grupos más vulnerables de la sociedad australiana. En muchos aspectos, la situación en Australia no es muy diferente de la de otros países occidentales en lo que respecta a las personas refugiadas y migrantes.

Las personas refugiadas, migrantes y, especialmente, las solicitantes de asilo suelen ser objeto de discursos políticos y mediáticos. Muchos políticos consideran que adoptar una postura firme frente a la inmigración está relacionado con los logros electorales. Esta tendencia a instrumentalizar la migración no es exclusiva de Australia, sino que forma parte de una tendencia global más amplia.

Esto hace que nuestro trabajo sea aún más difícil. Por un lado, acompañamos a las personas a las que brindamos apoyo; por otro, debemos abordar las dificultades e injusticias generadas por problemas estructurales dentro del sistema.

¿Cuáles son los principales desafíos que enfrentan las personas a las que brindan apoyo?

Existen desafíos tanto individuales como estructurales. Comenzaría por los individuales.

Conocemos el peso que conlleva el desplazamiento forzado. Ya sea que una persona provenga de un país vecino o de un lugar mucho más lejos, como Afganistán, el camino hacia un país de refugio, en nuestro caso Australia, suele estar marcado por la violencia, las dificultades y el sufrimiento.

Una de las experiencias más comunes entre las personas que han sido obligadas a huir de sus hogares es un profundo sentimiento de aislamiento. Muchas han sufrido persecución, tortura física y psicológica, graves violaciones de los derechos humanos, pobreza extrema y hambre. Cuando llegan a un país de acogida, llevan consigo todas estas experiencias.

Incluso cuando las personas obtienen un estatus legal o la residencia permanente, el paso de la supervivencia a una vida plena no ocurre automáticamente. Reconstruir una vida estable y desarrollar un verdadero sentido de pertenencia puede llevar muchos años, tanto por las experiencias vividas antes de llegar como por los desafíos que enfrentan después.

El racismo, por ejemplo, dificulta que las personas se integren en la sociedad y que realmente sientan que pertenecen al país. Es algo que muchas personas enfrentan a lo largo de sus vidas, desde la infancia hasta la universidad. Luego, durante sus estudios, empiezan a darse cuenta de que quizás no conseguirán un trabajo acorde con su título, formación o cualificaciones debido al color de su piel, su acento y las percepciones sobre quiénes forman parte de “nosotros” y quiénes son considerados “los otros”. Lamentablemente, muchas de las personas que acompañamos se encuentran en esta última categoría. Como resultado, algunas viven en situación de pobreza, no por sus propias limitaciones, sino debido a barreras sociales y estructurales. Por lo tanto, las personas a las que brindamos apoyo enfrentan tantos desafíos individuales como obstáculos sistémicos.

¿Cuáles son los mayores desafíos que enfrenta en su trabajo?

En cuanto a los desafíos que enfrentamos como trabajadores humanitarios, algunos son individuales. Debemos hacer una autocrítica y mejorar nuestras estrategias y la manera en que llevamos a cabo nuestro trabajo.

Sin embargo, muchos de los desafíos que enfrentamos surgen del contexto en el que trabajamos.

Por un lado, apoyamos a las personas para que comprendan y ejerzan sus derechos y participen activamente en la sociedad. Por otro, debemos trabajar para cambiar los sistemas y las políticas que impiden esa participación. En JRS, apoyamos a las personas para que puedan vivir con dignidad. Pero ¿cómo podemos ayudar a alguien a vivir con dignidad si tenemos que proporcionarle alimentos? A veces nos encontramos frente a esta contradicción. Queremos que las personas tengan una vida digna, pero no podemos otorgarles el derecho a trabajar y, sin ese derecho, no pueden participar plenamente.

¿Podría contarnos sobre algún encuentro o acontecimiento especialmente transformador que siga inspirándolo en su trabajo?

Una de las mayores satisfacciones de mi trabajo es ver cómo las personas transforman sus vidas. A pesar de los numerosos desafíos y necesidades que he mencionado, tenemos innumerables historias de personas que, pese a los enormes obstáculos que han enfrentado, han logrado construir un futuro para sí mismas.

Esto es sumamente gratificante tanto para mí como para nuestro equipo. Es inspirador ver cómo la vida de las personas puede cambiar para mejor gracias al trabajo que realizamos. Nuestros equipos ayudan a las personas a acceder a servicios, inscribirse en la escuela, continuar sus estudios superiores y llegar a convertirse en profesionales, abogados, médicos y especialistas en sus respectivos campos. Además, muchas de ellas contribuyen a la sociedad. Yo mismo soy un ejemplo de ello. Cuando era un joven refugiado en un campamento en Tanzania, recibí el apoyo de JRS. Mi propia historia demuestra lo que puede suceder cuando las organizaciones humanitarias pueden seguir acompañando a las personas: porque cuando apoyamos a una persona, esa persona puede llegar a apoyar a comunidades enteras.

He visto a muchas personas pasar de simplemente sobrevivir a llevar una vida plena y significativa, encontrando su lugar en la sociedad y contribuyendo al bien común.

John-Bosco, Director de Operaciones de JRS Australia, durante la Conferencia Internacional Voces en acción: colaboración transformadora y solidaridad educativa con las personas refugiadas y migrantes, celebrada en Roma del 30 de septiembre al 2 de octubre. (Servicio Jesuita a Refugiados)

La semana pasada participó en la conferencia Voces en acción: colaboración transformadora y solidaridad educativa con las personas refugiadas y migrantes. ¿Por qué considera que esta conferencia es importante? ¿Por qué es relevante hoy en día?

La educación es fundamental. En el contexto de las personas refugiadas, no solo es fundamental; representa un verdadero avance.

A menudo hablamos de dar voz a las personas. Sin embargo, no hay mejor manera de hacerlo que brindarles la confianza necesaria para hablar por sí mismas. Esa confianza no se puede desarrollar sin acceso a una educación de calidad. La educación permite que las personas hablen por sí mismas y cuenten sus propias historias de manera clara y bien articulada, dejando atrás la idea de ser la voz de quienes no tienen voz y avanzando hacia un enfoque que garantice que las personas puedan expresarse con su propia voz.

Esta conferencia ayuda a identificar estrategias eficaces para fortalecer los sistemas educativos y ampliar las oportunidades para los estudiantes refugiados. Debemos preguntarnos cómo podemos garantizar que la educación de una persona no se vea interrumpida por el desplazamiento forzado. El objetivo es contribuir a la formación de personas refugiadas con una buena educación, que puedan regresar a sus comunidades, contribuir a su desarrollo y ayudarlas a alcanzar un mayor nivel de progreso.