El papel de las organizaciones basadas en la fe en la protección de los refugiados

13 octubre 2026

La protección de los refugiados y otras personas desplazadas por la fuerza suele describirse a través de sistemas: marcos jurídicos, normas humanitarias, servicios y programas. Sin embargo, para los refugiados y otras personas desplazadas por la fuerza, la protección también se experimenta de una manera mucho más inmediata y profunda. La protección se encuentra cuando hay alguien dispuesto a escuchar, cuando las personas pueden recurrir a otras que están atravesando el mismo camino en momentos de necesidad, cuando son escuchadas y participan en las decisiones que les afectan, y cuando el apoyo continúa incluso después de que termina un programa o la atención se dirige hacia la siguiente crisis.

Los marcos de protección, como los desarrollados por el Inter-Agency Standing Committee (IASC) y el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) proporcionan al sistema humanitario un lenguaje común para identificar violaciones de derechos, organizar respuestas y garantizar el respeto de los derechos de las personas. Las organizaciones basadas en la fe (OBF) también abordan la protección desde una perspectiva sensible a la dimensión religiosa, reconociendo que las creencias, las identidades espirituales, las redes religiosas y las comunidades de fe pueden influir en la manera en que las personas perciben los riesgos, buscan seguridad, ejercen su autonomía y se apoyan mutuamente.

Para el Servicio Jesuita a Refugiados (JRS), la protección que brindan las instituciones se complementa con la que las personas construyen a través de las relaciones, la capacidad de acción colectiva y el acompañamiento continuo. Los sistemas formales de protección siguen siendo esenciales, pero la confianza, las redes locales y la presencia a largo plazo pueden fortalecer las capacidades de las propias personas para protegerse y conectar las experiencias de las comunidades con los servicios y las acciones de incidencia.

Si bien las responsabilidades de los estados, las agencias de las Naciones Unidas y el sistema humanitario en general son esenciales e insustituibles, la profundidad y la continuidad de las relaciones que las OBF mantienen con las comunidades locales, las personas refugiadas, las personas desplazadas internamente (PDI), las organizaciones lideradas por personas refugiadas y otros actores pueden aportar un valor particular a la protección de los refugiados y otras personas desplazadas por la fuerza.

El 29 de septiembre de 2026, se debatió el papel de las OBF y su capacidad de acción a nivel local en la protección de las personas refugiadas y desplazadas internamente (PDI), durante un evento paralelo de las Consultas Globales ACNUR-ONG de 2026, organizado por JRS y Caritas Internationalis.

Los ponentes compartieron experiencias de diferentes contextos marcados por el desplazamiento forzado y reflexionaron sobre el papel que pueden desempeñar las organizaciones basadas en la fe como actores importantes de protección, arraigados en las comunidades locales, especialmente en situaciones donde el desplazamiento se prolonga, el acceso humanitario es difícil y las comunidades enfrentan múltiples desafíos que se superponen.

La presencia sostenida de las organizaciones basadas en la fe

Uno de los temas más destacados que surgieron durante el debate fue la presencia continua e integral de las OBF.

Las respuestas humanitarias suelen organizarse a través de programas y ciclos de financiamiento. Sin embargo, las situaciones humanitarias no se desarrollan de manera secuencial: incluso cuando un programa o ciclo de financiamiento llega a su fin, un mismo riesgo de protección puede reaparecer de distintas formas, evolucionar de nuevas maneras o generar nuevas vulnerabilidades. Por lo tanto, el desplazamiento forzado puede prolongarse más allá de los límites temporales establecidos para organizar las respuestas humanitarias, mientras que las preocupaciones relacionadas con la protección persisten o cambian mucho después de que una emergencia deja de recibir atención internacional.

“Las comunidades y nuestros colegas de las comunidades de fe son siempre los primeros en responder a las necesidades de las personas refugiadas, y a menudo siguen presentes cuando terminan los ciclos de financiamiento”, señaló Moses Mukasa, responsable de Protección de JRS. Para Moses, la presencia continua que caracteriza a las OBFs tiene una dimensión directa de protección, porque “el abandono en sí mismo constituye un riesgo de protección”. Esta presencia se extiende a diferentes niveles de alcance dentro de las redes basadas en la fe: desde las comunidades de fe locales y los actores integrados en la vida cotidiana de las personas desplazadas, hasta las organizaciones y redes capaces de conectar las preocupaciones locales en materia de protección con las acciones de incidencia a nivel nacional, regional e internacional.

“Desempeñamos un papel importante al llegar a las comunidades desplazadas en zonas a las que otros ni siquiera pueden acceder”, explicó Felix Omollo, quien trabaja para JRS en Sudán del Sur. Felix señaló que, en Sudán del Sur, las iglesias, las mezquitas y otros lugares de culto suelen estar entre los primeros lugares a los que las personas acuden en busca de apoyo durante las crisis.

Esta observación fue respaldada por Paul B.B. Kithima, quien habló desde su experiencia en el liderazgo de personas refugiadas y la localización de la acción humanitaria en Uganda, donde explicó que “las organizaciones basadas en la fe, al estar muy cerca de las comunidades a través de las iglesias y sus redes, tanto en las ciudades como en los asentamientos, suelen ser el primer lugar al que acuden muchas personas refugiadas”.

Víctor Castro Quijada, de Caritas El Salvador, explicó la complejidad del desplazamiento en El Salvador: las personas pueden encontrarse desplazadas internamente, regresar al país tras haber sido deportadas o atravesar el territorio como parte de trayectos migratorios más largos. Estos flujos migratorios mixtos se desarrollan en un contexto político tanto local como internacional que dificulta cada vez más la atención de las necesidades de protección de las personas. A pesar de estos desafíos y de la reducción de recursos, Castro destacó cómo las comunidades de fe están respondiendo con valentía y creatividad. Están creando redes de cuidado y solidaridad, y capacitando a voluntarios parroquiales y educadores para apoyar a las personas que lo necesitan. Es importante destacar que esta presencia continúa incluso cuando el desplazamiento deja de recibir atención pública.

Esta continuidad es importante. Una organización arraigada en la comunidad local puede haber conocido a una comunidad antes del inicio de una crisis, permanecer presente durante la emergencia y seguir acompañando a las personas incluso después de que la atención internacional se haya desplazado hacia otros lugares. En este sentido, la protección no es solo una intervención, sino también una relación que se mantiene a lo largo del tiempo.

El acompañamiento como enfoque de protección

La presencia sostenida está estrechamente vinculada al enfoque de acompañamiento basado en la fe, que constituye un elemento central de la labor de protección de las OBF.

Moses describió el acompañamiento como “trabajar junto a las personas, no hacer las cosas por ellas”, destacando que el acompañamiento no es mera retórica, sino que implica estar presentes de manera constante e intencional junto a las personas desplazadas, promoviendo su participación, amplificando sus voces y construyendo soluciones conjuntamente, en lugar de sustituir sus perspectivas por las de las organizaciones humanitarias. Moses también añadió que el acompañamiento significa defender la dignidad y la autodeterminación de las personas afectadas por crisis humanitarias, desastres naturales y otros acontecimientos.

Felix explicó cómo, en Renk, Sudán del Sur, donde más de un millón de personas han llegado tras huir de la violencia en Sudán, las OBF ofrecen espacios donde las personas puedan expresar sus preocupaciones e identificar soluciones. Brindan primeros auxilios psicosociales y dialogan con las personas sobre los problemas de protección que pueden enfrentar. Las OBF también contribuyen a reunir a las personas, fomentar el diálogo y fortalecer los vínculos comunitarios, además de ofrecer apoyo espiritual y emocional para que las personas pueden recuperar un sentido de esperanza. “No diría que nuestro papel como organizaciones basadas en la fe sea completamente diferente al de otras organizaciones”, señaló Felix, mencionando que las OBF prestan servicios como educación o apoyo psicosocial, al igual que otros actores. “Lo que nos diferencia es la manera en que nos relacionamos con las comunidades.

Mantenemos una presencia a largo plazo. Construimos relaciones de confianza, acompañamos a las personas y recorremos el camino junto a ellas”, afirmó.

Víctor compartió cómo su fe sostiene su presencia en las comunidades de El Salvador, acompañando a las personas incluso cuando la crisis deja de ocupar los titulares. A través de esta presencia, pueden constatar que las causas que obligaron a las personas a abandonar sus hogares siguen presentes y se ven agravadas por la desconfianza alimentada por discursos políticos que las presentan como delincuentes. “Sus historias nos interpelan a ser esa misma iglesia que acompaña a quienes se van, a quienes están de paso y a quienes regresan, sin importar de qué país provengan”, afirmó Víctor.

Fomentar la autonomía y la colaboración

Las organizaciones basadas en la fe también pueden desempeñar un papel importante para garantizar que las personas refugiadas y desplazadas no sean simplemente receptoras de protección, sino que también puedan participar activamente en la configuración de los sistemas, programas e intervenciones que les afectan.

Para Moses, “cuando decimos que acompañamos, lo que significa trabajar junto a las personas, podemos documentar lo que les sucede y lo que presenciamos cada día. Podemos interpelar a los estados miembros y a las agencias de las Naciones Unidas, y llevar estas conversaciones a espacios en los que las personas afectadas ni siquiera tendrían la oportunidad de estar presentes o expresar sus necesidades”.

Este argumento está estrechamente relacionado con las reflexiones de Paul B.B. Kithima, quien señaló que, si bien las organizaciones lideradas por personas refugiadas (OLR) y las OBF tienen mucho en común, como su cercanía con las personas a las que prestan apoyo y la confianza que han construido con ellas, las OBF suelen estar vinculadas a iglesias, congregaciones y redes institucionales construidas a lo largo de décadas o incluso siglos. Estas redes pueden proporcionar una mayor capacidad de incidencia y vínculos institucionales con los que las OLR de reciente creación quizás aún no cuentan.

Según Paul, esto representa una oportunidad importante: en lugar de que las OBF se limiten a crear más programas para las personas refugiadas, las organizaciones basadas en la fe y las organizaciones lideradas por personas refugiadas pueden trabajar juntas para que la autosuficiencia forme parte de la vida cotidiana de las personas refugiadas.

Hacia una protección local, relacional y sostenida

En conclusión, las organizaciones basadas en la fe no sustituyen las responsabilidades de los estados, las agencias de las Naciones Unidas ni de otros actores del sistema internacional de protección. Su valor distintivo radica en otro aspecto: las OBF pueden contribuir a garantizar que la protección siga estando vinculada a las comunidades a las que está destinada. Pueden ayudar a que la protección tenga un arraigo local, se base en las relaciones humanas y se mantenga a lo largo del tiempo.