Ante el aumento de las tensiones en Sudáfrica, JRS acompaña a las personas refugiadas y migrantes

24 julio 2026

El miedo se ha convertido en parte de la vida cotidiana para muchas personas refugiadas y migrantes que viven en distintas zonas de Sudáfrica. Algunas dudan en salir de sus hogares para ir a trabajar, otras evitan asistir a clases de idiomas o a programas de medios de vida, mientras que muchas viven con la incertidumbre de no saber qué les deparará el mañana. Sin embargo, en medio de esta situación, siguen surgiendo actos de solidaridad, ya que comunidades de fe, organizaciones humanitarias y socios locales acompañan a las personas más afectadas brindándoles apoyo práctico y esperanza.

En las últimas semanas, el aumento de las tensiones contra la población migrante en distintas partes del país ha generado un clima de miedo y ansiedad, especialmente entre las comunidades vulnerables que viven en zonas urbanas. Los informes sobre personas presionadas para abandonar sus hogares y negocios, redadas informales dirigidas contra ciudadanos extranjeros y la creciente incertidumbre en torno a la documentación legal han hecho que muchas personas teman desplazarse libremente, acceder a servicios o continuar ganándose la vida.

La magnitud del impacto ha sido considerable. Estimaciones recientes indican que más de 300.000 ciudadanos extranjeros se han visto afectados por las tensiones en curso, con miles de personas desplazadas, más de 900 detenciones registradas y varias muertes.

Aunque la situación se ha ido calmando gradualmente tras el incremento de la intervención del Gobierno, sus efectos siguen sintiéndose entre miles de personas refugiadas, solicitantes de asilo y migrantes cuyas vidas se han visto alteradas por la incertidumbre y el miedo.
Para muchas personas, la mayor pérdida no ha sido únicamente la oportunidad económica, sino también la confianza para continuar con su vida cotidiana.

«La gente tiene miedo de ir a trabajar. Muchos temen ser vistos fuera de sus casas», explica Matseliso Ntsoelikane, directora nacional del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) Sudáfrica. «Algunas personas permanecen dentro de sus hogares, mientras que quienes salen se mantienen en constante alerta y se avisan mutuamente cuando escuchan sobre posibles amenazas. Este miedo también ha afectado la participación en nuestros programas de medios de vida y de enseñanza del inglés, ya que muchas personas ya no se sienten lo suficientemente seguras como para asistir».

Con más de 25 años de presencia en el país, en JRS creemos que estos acontecimientos recientes refuerzan la importancia del acompañamiento: permanecer cerca de las personas en momentos de incertidumbre, escuchar sus experiencias y responder a sus necesidades más inmediatas, preservando siempre su dignidad.

Acompañar a las personas en momentos de incertidumbre

Desde el recrudecimiento de las tensiones, JRS Sudáfrica ha trabajado junto con otras organizaciones humanitarias y de inspiración religiosa para brindar asistencia práctica a personas refugiadas y migrantes desplazadas.

Hasta la fecha, JRS Sudáfrica ha apoyado a 1.167 personas afectadas por la crisis, incluidas 75 personas directamente afectadas por los recientes episodios de violencia.

La organización ha contribuido a la distribución de alimentos y artículos de higiene, ha ayudado a personas vulnerables con el transporte hacia sus respectivas embajadas y ha colaborado con organizaciones que responden a las necesidades humanitarias de quienes buscan protección temporal. Asimismo, JRS ha participado activamente en un consorcio de organizaciones que trabajan con personas refugiadas y migrantes, contribuyendo a la coordinación de la respuesta humanitaria y apoyando declaraciones públicas conjuntas en favor de la protección de las comunidades vulnerables.

«Queremos seguir apoyando a las personas en sus necesidades básicas: alimentos, artículos de higiene y, cuando sea posible, transporte», afirma Ntsoelikane. «Estas son formas concretas de acompañar a las personas durante un período muy difícil, garantizando al mismo tiempo que sean tratadas con dignidad».

Proteger la dignidad humana respetando el Estado de derecho

JRS Sudáfrica reconoce la responsabilidad de los gobiernos de gestionar la migración mediante los marcos jurídicos establecidos, al tiempo que subraya que todas las personas, independientemente de su situación migratoria, merecen ser tratadas con humanidad y respeto.

«Ningún ciudadano tiene derecho a expulsar por la fuerza a las personas del lugar donde viven o trabajan», explica Ntsoelikane. «Estas situaciones deben seguir siempre los procedimientos legales y ser gestionadas por las autoridades competentes».

También destaca la importancia de fortalecer los procesos administrativos para garantizar que las personas con derecho a obtener documentación legal la reciban de manera oportuna.

«Al mismo tiempo, quienes deseen venir a Sudáfrica también deben hacerlo a través de los canales legales correspondientes. Nuestro mensaje es de equilibrio: respeto por la ley y respeto por la dignidad de toda persona humana».

Este enfoque equilibrado refleja el compromiso de JRS con la promoción del diálogo, la protección de los derechos humanos y el impulso de soluciones que salvaguarden tanto la justicia como la dignidad humana.

Más allá de la vulnerabilidad: reconocer la resiliencia

Aunque los acontecimientos recientes han puesto de manifiesto las vulnerabilidades a las que se enfrentan muchas personas refugiadas y migrantes, también han revelado una extraordinaria capacidad de resiliencia.

Incluso en medio de la incertidumbre, muchos negocios propiedad de personas refugiadas han reabierto tras cierres temporales. Las comunidades continúan apoyándose mutuamente compartiendo información, animando a sus vecinos a mantenerse a salvo y ayudando a las familias a acceder a la asistencia cuando la necesitan. Asimismo, las iglesias, las organizaciones humanitarias y las personas voluntarias han desempeñado un papel fundamental al ofrecer espacios de acogida y apoyo práctico.

Estas muestras de resiliencia demuestran que las personas refugiadas y migrantes no son únicamente receptoras de ayuda. Cada día participan en las economías locales, crean empresas, cursan estudios, cuidan de sus familias y contribuyen al tejido social de la sociedad sudafricana. Su resiliencia nos recuerda que detrás de cada estadística hay una persona que busca seguridad, oportunidades y la posibilidad de reconstruir una vida con sentido.

Caminar juntos con esperanza

En el centro de la respuesta de JRS Sudáfrica se encuentra el compromiso de permanecer cerca de quienes se ven más afectados por el desplazamiento, el miedo y la incertidumbre. Si bien la asistencia humanitaria responde a las necesidades más inmediatas, el acompañamiento va mucho más allá de la distribución de alimentos, artículos de higiene o apoyo para el transporte. Significa elegir estar al lado de las personas, escuchar atentamente sus historias, compartir sus dificultades y reafirmar su dignidad en un momento en el que muchas se sienten aisladas, incomprendidas u olvidadas.

«Creemos que toda persona debe ser tratada como un ser humano», afirma Ntsoelikane. «Tanto si una persona cuenta con documentación como si no, sus derechos humanos fundamentales deben ser siempre respetados y protegidos».

Asimismo, subraya que JRS Sudáfrica busca promover una respuesta equilibrada y constructiva ante la situación actual: una respuesta que respete el Estado de derecho y, al mismo tiempo, salvaguarde la dignidad y los derechos de todas las personas.

«La migración es una realidad compleja, pero nuestra humanidad compartida debe seguir siendo el eje de nuestra respuesta. El respeto por los procedimientos legales y el respeto por la dignidad humana no son principios incompatibles; al contrario, deben ir de la mano».
Este compromiso ha llevado a JRS Sudáfrica a trabajar estrechamente con iglesias, organizaciones humanitarias, organizaciones de la sociedad civil y redes lideradas por personas refugiadas para garantizar que las comunidades más vulnerables reciban apoyo práctico, al tiempo que se promueven el diálogo, la comprensión mutua y la convivencia pacífica.

En tiempos de incertidumbre, el acompañamiento se convierte en algo más que una respuesta humanitaria: se convierte en un testimonio de esperanza. Nos recuerda que la compasión tiene la capacidad de vencer al miedo, que el diálogo es más fuerte que la división y que cada gesto de solidaridad contribuye a reavivar la esperanza de quienes se han visto obligados a huir.