Tres décadas de protección de las personas refugiadas: Reflexiones de Anne-Christine Bloch

25 agosto 2026

Anne-Christine Bloch, exrepresentante del JRS en Ginebra, a la izquierda (Servicio Jesuita a Refugiados).
Anne-Christine Bloch, exrepresentante del JRS en Ginebra, a la izquierda (Servicio Jesuita a Refugiados).
Es realmente importante volver a nuestros valores fundamentales de cuidarnos unos a otros, estar atentos a las personas extranjeras que necesitan apoyo y darles la bienvenida.
Anne-Christine Block, exrepresentante del JRS en Ginebra

Tras más de tres décadas dedicadas a promover los derechos de las personas refugiadas y de otras personas desplazadas por la fuerza, desde campamentos de refugiados en Kenia hasta debates internacionales sobre políticas en Ginebra, Anne-Christine Bloch se ha jubilado. Este año, mientras el mundo conmemora el 75.º aniversario de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, sus reflexiones ofrecen una visión de la importancia de este acuerdo histórico y de los principios que han guiado su trabajo a lo largo de toda su trayectoria.

«Creo que siempre he sido una persona con una gran empatía hacia los demás y hacia su sufrimiento», afirmó Christine al recordar qué la llevó a dedicarse al ámbito humanitario y a la protección de las personas refugiadas.
Cuando era joven en Copenhague, participó en una protesta pacífica que fue respondida con violencia por la policía. Aquella experiencia la llevó a estudiar Derecho. Durante sus estudios, comenzó a colaborar con el Centro Danés de Derechos Humanos (the Danish Centre for Human Rights), iniciando así el camino que marcaría su carrera.

A lo largo de su trayectoria ha trabajado con el Consejo Danés para los Refugiados (Danish Refugee Council), la Cruz Roja y el Centro de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, hoy Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Durante todos esos años mantuvo la convicción de que una protección eficaz comienza escuchando a las personas a las que pretende servir.

Desde el inicio de su carrera, Christine comprendió la importancia de incluir las voces de las comunidades acompañadas en la búsqueda de soluciones. Le preocupaba la escasa atención que, en ocasiones, se prestaba a los derechos y perspectivas de las personas a las que las organizaciones humanitarias trataban de apoyar.

Un amigo le sugirió que se involucrara en el JRS por su enfoque basado en la comunidad. «He sido muy feliz en el JRS por ese firme compromiso con los derechos de las personas y con la justicia», afirmó. La importancia de ese enfoque se reforzó durante una visita al campamento de refugiados de Kakuma, en Kenia. Allí visitó un «espacio seguro», un centro dentro del campamento destinado a proteger a mujeres, niños y niñas, y miembros de grupos minoritarios que enfrentaban dificultades específicas debido a la discriminación.

Durante una evaluación, Christine conoció a un hombre somalí perteneciente a un clan minoritario. Él le explicó que, aunque ese espacio estaba pensado para proteger a quienes vivían allí, también limitaba gravemente sus vidas. No podían salir libremente, ir al mercado ni generar ingresos, y además se estaban reduciendo sus raciones de alimentos.

Christine lo escuchó e impulsó cambios. Cuando regresó al campamento un año y medio después, el hombre le contó cuánto había mejorado su situación. «Al hablar con las personas, escucharlas y seguir sus orientaciones sobre cómo mejorar su situación sin necesidad de invertir grandes cantidades de dinero, logramos generar un cambio significativo en sus vidas», explicó.

Ese es el enfoque que Christine ha llevado a su trabajo en la Oficina Internacional del JRS, donde ha representado a la organización en Ginebra. Allí se ha centrado en las evaluaciones participativas de programas para personas refugiadas, ha contribuido a fortalecer la rendición de cuentas hacia las poblaciones refugiadas y ha apoyado enfoques sensibles a la edad, el género y la diversidad durante una comisión de servicios en ACNUR con el JRS.

También ha contribuido a iniciativas internacionales de incidencia, entre ellas el apoyo al reasentamiento de refugiados butaneses y los esfuerzos por dar mayor visibilidad a las prácticas y condiciones de detención. Para Christine, estas experiencias han reforzado la importancia de conectar las políticas con las realidades que viven las personas. Esa conexión es especialmente relevante cuando la Convención de 1951 alcanza su 75.º aniversario.

Adoptada después de la Segunda Guerra Mundial, la Convención estableció un marco internacional para proteger a las personas que huyen de la persecución. Su influencia ha ido mucho más allá de su contexto original y ha contribuido a configurar la protección de las personas refugiadas en todo el mundo.

Christine no cree que la antigüedad de la Convención reduzca su importancia. «La Convención sobre el Estatuto de los Refugiados no es simplemente una construcción de hace 75 años», afirmó. Más bien, la considera una codificación de principios mucho más antiguos, entre ellos la responsabilidad de proteger a las personas que huyen de la persecución y acoger a quienes buscan seguridad. Señaló además que estos valores están presentes en numerosas tradiciones religiosas del mundo.

Sus principios siguen siendo relevantes mientras millones de personas continúan huyendo de sus hogares debido a conflictos, persecuciones, desastres naturales y otras crisis. Al mismo tiempo, Christine muestra preocupación por la falta de voluntad de algunos países con mayores recursos para compartir la responsabilidad de la protección de las personas refugiadas con los países que acogen a la mayoría de ellas y que, a menudo, enfrentan importantes dificultades.

Para Christine, este 75.º aniversario representa una oportunidad para reafirmar los compromisos establecidos por la Convención.
«Todos estamos interconectados», afirmó. «No se trata solo de mí, sino de la protección de todos nosotros. Mañana podrías ser tú o podría ser yo. No lo sabemos».

Para Christine, esta responsabilidad va más allá de los gobiernos y las organizaciones humanitarias. Es una responsabilidad humana compartida, basada en valores que trascienden fronteras y tradiciones religiosas.

«Es realmente importante volver a nuestros valores fundamentales de cuidarnos unos a otros, estar atentos a las personas extranjeras que necesitan apoyo y darles la bienvenida», afirmó.

Cuando la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados cumple 75 años, la experiencia y el enfoque de Christine ofrecen un ejemplo inspirador: escuchar a las personas, reconocer nuestra humanidad compartida y garantizar que quienes se ven obligados a huir tengan un lugar al que acudir.

*Este artículo fue publicado originalmente por JRS USA