«Los niños deberían sostener lápices, no cuchillos»
10 febrero 2026


Testimonio de Simeon, miembro del personal del JRS que trabaja en el proyecto financiado por la Unión Europea para mejorar el acceso a una educación segura y de calidad para los niños vulnerables y afectados por el conflicto en el estado de Borno, Nigeria.
Esta mañana, mientras iba al trabajo con un compañero, vi a dos niños discutiendo. No debían de tener más de diez años. Estaban uno frente al otro, al borde de una carretera muy transitada. No sé qué desencadenó su discusión, pero en cuestión de segundos uno de ellos metió la mano en el bolsillo y sacó un cuchillo, apuntándolo al estómago del otro.
Su rostro, todavía tan joven, estaba endurecido por la ira. El otro niño se quedó paralizado de miedo.
Por un momento, me quedé sin aliento. Un niño, apenas capaz de escribir su propio nombre, estaba sosteniendo un arma tan peligrosa como ese cuchillo, como si fuera la única forma que conocía de protegerse. Me acerqué corriendo. Tomé al niño que tenía el cuchillo y me senté con él junto a un puesto de té. Le hablé de los peligros y de las posibles consecuencias de utilizar ese cuchillo.
Se calmó y se mostró arrepentido por lo que había hecho. Prometió que nunca volvería a actuar así, pero la pregunta es: ¿cómo podemos estar seguros?
Como trabajador humanitario, reflexioné sobre cómo escenas como esta se han vuelto normales en comunidades atemorizadas y sobrepasadas por la violencia. Aquí, los niños aprenden demasiado pronto a pelear, a defenderse, a sobrevivir. Pero muy pocos tienen la oportunidad de aprender simplemente a ser niños.
Ese niño debería haber estado sosteniendo un lápiz, no un cuchillo.

La realidad es que años de conflicto y desplazamiento han dejado a innumerables niños fuera de la escuela. Muchos profesores han huido. Para muchas familias, la supervivencia —la búsqueda de comida, agua y seguridad— es lo primero, mientras que la educación se percibe como un lujo lejano. En este contexto, los niños quedan vulnerables ante la ira, la manipulación y la violencia.
Gracias al apoyo de la Unión Europea, JRS Nigeria está intentando escribir una historia diferente. Estamos creando espacios donde los niños puedan volver a las aulas, reír de nuevo y volver a aprender. También estamos apoyando a los adultos, proporcionándoles los recursos necesarios para enviar a sus hijos a la escuela.
La educación no consiste solo en aprender a leer o a escribir; también ofrece esperanza. Restaura un sentido de normalidad en lugares donde todo parece haber sido destruido.

Cuando me alejé de aquel niño, con el corazón encogido, lo imaginé sosteniendo un lápiz en lugar de un cuchillo, con la curiosidad reemplazando a la ira y la desesperación dando paso a un mundo de posibilidades por delante.
Los niños merecen lugares seguros donde puedan soñar y escribir su propio futuro.