Comunidades que dan forma al apoyo a la salud mental y psicosocial

09 octubre 2026

El JRS lleva a cabo actividades de salud mental y apoyo psicosocial (SMAPS) en Sudán del Sur (Servicio Jesuita a Refugiados).
El JRS lleva a cabo actividades de salud mental y apoyo psicosocial (SMAPS) en Sudán del Sur (Servicio Jesuita a Refugiados).

El desplazamiento forzado puede dejar heridas profundas. La salud mental y el apoyo psicosocial (SMAPS) ayudan a las personas a recuperarse, reconstruir sus vidas y contribuir a sus comunidades. Sin embargo, muchas personas no pueden acceder a este apoyo debido a la falta de financiación, el estigma, la vergüenza y las barreras para buscar ayuda.

El Día Mundial de la Salud Mental de este año nos invita a escuchar a las personas con experiencia vivida y a reconocer sus experiencias como una fuente de conocimiento especializado. Nos pide no solo que escuchemos sus historias, sino también que sus voces y conocimientos contribuyan a dar forma a los servicios y a las decisiones que afectan sus vidas.

Para las personas refugiadas y desplazadas, la experiencia vivida incluye huir de sus hogares, perder a seres queridos, medios de vida y redes de apoyo, y reconstruir sus vidas en lugares desconocidos. Quienes han pasado por estas experiencias saben qué ayuda y qué no. Por eso, el JRS promueve que las personas refugiadas desempeñen un papel activo en el diseño y la prestación del apoyo de salud mental y psicosocial dentro de sus propias comunidades.

El apoyo comunitario ayuda a reducir las barreras de accceso al acercar la atención a los lugares donde viven las personas. Las personas refugiadas y los miembros de las comunidades de acogida debidamente formados pueden reconocer señales de malestar emocional, ofrecer apoyo inicial y poner a las personas en contacto con servicios especializados. Al compartir la lengua, la cultura y la experiencia del desplazamiento, suelen generar una confianza que los profesionales externos no siempre consiguen.

Sudán del Sur y Chad: vecinos que han recorrido el mismo camino

El JRS lleva a cabo actividades de salud mental y apoyo psicosocial (SMAPS) en Sudán del Sur (Servicio Jesuita a Refugiados).

En Sudán del Sur y Chad, el JRS forma a personas refugiadas y miembros de las comunidades de acogida como consejeros comunitarios. Al vivir junto a las personas a las que apoyan y compartir a menudo experiencias similares de desplazamiento, son figuras de confianza capaces de identificar situaciones de angustia, ofrecer apoyo inicial, codiseñar y facilitar actividades grupales basadas en las necesidades de las comunidades, y derivar a las personas a servicios especializados cuando es necesario.

En Chad, los consejeros comunitarios trabajan con niños, jóvenes y familias a través de sesiones de orientación, actividades de sensibilización y actividades recreativas que ayudan a los participantes a gestionar el estrés, fortalecer su autoestima, mejorar sus relaciones y encontrar espacios seguros para hablar de los desafíos que afrontan. En Sudán del Sur, los consejeros apoyan a los refugiados recién llegados mientras afrontan el desplazamiento y se adaptan a su nuevo entorno.

«Realizamos actividades de sensibilización puerta a puerta en el asentamiento. Pero también organizamos sesiones grupales dentro del centro de recepción, especialmente para los recién llegados. Necesitan comprender poco a poco lo que está ocurriendo, cómo establecerse de manera adecuada y cómo evitar problemas. Utilizo mi edad, mi idioma y mi nacionalidad para ayudar a las personas a sentirse seguras y bienvenidas», Alamedin, consejero comunitario, Renk

Las palabras de Alamedin reflejan lo que aporta la experiencia vivida: un lenguaje compartido, una identidad común y la credibilidad de alguien que sabe lo que significa afrontar las dificultades del desplazamiento.

Líbano: empezar por lo que las personas dicen que necesitan

Personas migrantes desplazadas que encontraron refugio en la iglesia de San José de Beirut, Líbano (Stefano Stranges/Servicio Jesuita a Refugiados)

Durante la crisis de 2026 en el Líbano, el JRS apoyó a trabajadores migrantes que se refugiaban en la Iglesia de San José de Beirut. Además de responder a las necesidades básicas más urgentes, el equipo creó espacios para que las personas identificaran sus propias preocupaciones y prioridades.

Durante una sesión de sensibilización sobre crianza positiva y acoso escolar, un padre pidió ayuda para reconstruir la comunicación con su hijo. Gracias a un acompañamiento continuo, ambos comenzaron gradualmente a comunicarse de manera más abierta y abandonaron el refugio como una familia más unida. En ese mismo periodo, varios jóvenes acudieron al trabajador social en busca de apoyo para definir su futuro. El JRS organizó sesiones individuales para ayudarles a solicitar plaza en universidades y programas de becas, explorar opciones profesionales y buscar empleo.

Ahora que el refugio ha cerrado y las familias han regresado a sus hogares, las madres de estos jóvenes compartieron una noticias alentadoras : dos de ellos se matricularon en la universidad y comenzaron sus estudios, mientras que el tercero encontró trabajo y ahora contribuye al sostenimiento de su familia.

Estas experiencias muestran la importancia de escuchar en lugar de asumir cuáles son las necesidades de las personas. El apoyo más eficaz comienza escuchando lo que las personas dicen que necesitan.

Invertir en el apoyo comunitario de salud mental y psicosocial

En Sudán del Sur, Chad y el Líbano, la lección es la misma: las personas con experiencia vivida son quienes mejor pueden comprender los desafíos que enfrentan sus comunidades y el apoyo que se necesita. Cuando las comunidades desempeñan un papel protagonista en el diseño y la prestación del apoyo, es más probable que este sea percibido como confiable y pertinente, y que sea sostenible. En las crisis prolongadas, la financiación puede aumentar o disminuir, pero las capacidades y las relaciones construidas dentro de las comunidades permanecen. Mantener este trabajo requiere garantizar que los consejeros comunitarios, muchos de ellos también desplazados, tengan acceso a formación continua, supervisión y apoyo para su propio bienestar.