De huir del conflicto a proteger a las personas refugiadas: el viaje de Mahamat

09 junio 2026

Mahamat fotografiado en la plaza de San Pedro, en Roma (Soheila Sanamno/Centro Astalli – JRS Italia)
Mahamat fotografiado en la plaza de San Pedro, en Roma (Soheila Sanamno/Centro Astalli – JRS Italia)

Me llamo Mahamat Daoud y mi vida ha estado marcada por desafíos que nadie debería afrontar. Hoy estoy aquí para contar mi historia.

Nací en Darfur, en Sudán, una región marcada por años de guerra. Fui desplazado a la edad de seis años, cuando la guerra civil desgarró mi comunidad y nos obligó a huir. Aún hoy recuerdo el miedo, el sonido de las explosiones, el terror en los ojos de quienes huían a mi lado.

Mi sueño es poner fin al sufrimiento de las personas migrantes en Libia y Túnez, porque toda persona merece estar a salvo y toda vida importa.
Mahamat, refugiado de Sudán, trabaja como mediador cultural en Italia

El viaje de Mahamat tras huir de Sudán ha estado marcado por la violencia y la inestabilidad

Mi familia y yo encontramos refugio en un campamento de refugiados en el este de Chad. La vida allí no era fácil: cada día era una lucha por acceder al agua, a los alimentos y a la atención médica. Encontré refugio en la educación. Gracias a una beca del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS), me gradué en Historia. Para mí, alcanzar este objetivo fue tanto una victoria como una forma de recuperación: pude recuperar una parte del futuro que me había sido arrebatado.

Con los años, la situación en Chad se volvió inestable y tuve que huir de nuevo. Atravesé desiertos y países desconocidos, donde el riesgo de morir estaba siempre presente. Pensé que había encontrado seguridad al llegar a Libia, pero me encontré con una realidad muy dura. Fui detenido sin motivo, únicamente por el color de mi piel, y sufrí violencia y abusos que nunca olvidaré.

A pesar de todo, decidí no permanecer en silencio. Participé en protestas en Trípoli para reclamar los derechos y la protección de las personas migrantes en tránsito como yo. No podía aceptar que nuestra dignidad siguiera siendo vulnerada. Cuando la situación en Libia se volvió insostenible, continué hacia Argelia y después hacia Marruecos. En la frontera entre Nador y Melilla, presencié escenas de gran violencia. Allí perdí a un amigo cercano.

Estuve a punto de rendirme cuando decidí asumir un último riesgo y cruzar el mar en busca de seguridad. Salí de Túnez en una embarcación frágil con más de cuarenta y cinco personas a bordo. Cada segundo parecía poder ser el último. Miraba el agua pensando en todo lo que había dejado atrás y en todo lo que quizá nunca volvería a ver.

Mahamat acompaña a otras personas refugiadas en la reconstrucción de sus vidas

Hoy vivo en Italia. Hablo un nuevo idioma, trabajo y estoy reconstruyendo mi vida. Llevo conmigo mis experiencias y el recuerdo de quienes no sobrevivieron. Por ellos, acompaño a migrantes varados en Libia como mediador cultural, superando barreras lingüísticas y facilitando el contacto entre las personas.

Mi historia es de dificultad, pero también de resiliencia y esperanza. Mi sueño es poner fin al sufrimiento de las personas migrantes en Libia y Túnez, porque toda persona merece estar a salvo y toda vida importa.

*Esta historia ha sido publicada originalmente por Centro Astalli / JRS Italia.