El JRS da la bienvenida al Ramadán, el tiempo de la reconciliación

05 May 2019|P. Aloysious Mowe SJ, Director de Incidencia y Comunicaciones

En el Líbano, durante el Ramadán, los estudiantes sirios refugiados y sus padres se reunieron para un Iftar, la cena con la que los musulmanes rompen el ayuno tras la puesta del sol durante el Ramadán, en el Centro Frans van der Lugt, en Bourj Hammoud. Al evento también asistieron las familias cristianas iraquíes del centro, que trajeron biryani [platos de arroz] caseros para compartirlos con los miembros de la comunidad musulmana, en un gesto de paz y solidaridad. (Servicio Jesuita a Refugiados)
En el Líbano, durante el Ramadán, los estudiantes sirios refugiados y sus padres se reunieron para un Iftar, la cena con la que los musulmanes rompen el ayuno tras la puesta del sol durante el Ramadán, en el Centro Frans van der Lugt, en Bourj Hammoud. Al evento también asistieron las familias cristianas iraquíes del centro, que trajeron biryani [platos de arroz] caseros para compartirlos con los miembros de la comunidad musulmana, en un gesto de paz y solidaridad. (Servicio Jesuita a Refugiados)

Roma – Este año, el mes musulmán del Ramadán [de 6 de mayo al 4 de junio] llega en un momento en el que el mundo se ha vuelto a ver marcado por la violencia perpetrada contra personas debido a su fe: los disparos contra dos mezquitas en Nueva Zelanda que mataron a 50 personas e hirieron a un número similar y los ataques con bombas contra iglesias en Sri Lanka en la mañana de Pascua, que causaron más de 250 muertos y cientos de heridos más. Estos crímenes se hicieron aún más incomprensibles para muchos de nosotros debido al momento en que se cometieron: atacaron a la gente mientras rezaba y, en el caso de los atentados de Sri Lanka, en el día más sagrado del año.

Lo fácil sería clamar venganza y retroalimentar el ciclo de violencia, azuzados por estos actos terroristas. El Ramadán nos recuerda que hay otra manera de responder a los actos del mal. Solemos asociar el Ramadán principalmente con la disciplina del ayuno, pero de hecho, la importancia de este mes va más allá de renunciar a la comida y la bebida. Ibn Khuzaymah transmite un hadiz o tradición en la que el Profeta Mahoma dice que el Ramadán es un mes cuyo comienzo es la misericordia, cuya mitad es la compasión y cuyo fin es la liberación del fuego del infierno. Muchas culturas musulmanas marcan el final de Ramadán con la costumbre de pedir perdón a familiares y amigos por los daños que han cometido contra ellos.

El JRS sirve y acompaña a muchos musulmanes desplazados por la violencia y el conflicto, entre estos, a los sirios que lo han perdido todo como consecuencia de la larga guerra civil en esa nación, a los somalíes que llevan muchos años en Etiopía tras huir de la inestabilidad civil en su país y a los refugiados de hazaras desplazados dentro de Afganistán por la persecución sectaria. Nos inspira la capacidad de resistencia y la esperanza de la que somos testigos a diario de las personas a las que acompañamos, a menudo en circunstancias terribles y tras sufrir grandes pérdidas. También reconocemos el deseo y la necesidad de reconciliación y construcción de la paz en todas estas comunidades. Trabajar en favor de la reconciliación frente al conflicto, la violencia y el rechazo se ha convertido en una prioridad para el JRS de cara a los próximos años, y este trabajo está fundamentado y fortalecido por los valores compartidos de perdón y compasión en nuestras diversas tradiciones religiosas.

El Papa Francisco nos recordó el miércoles de Pascua de este año que Jesús agregó expresamente una segunda parte al “Perdona nuestras ofensas” del Padrenuestro, para que nuestro ser perdonados por Dios se relacione con nuestro perdón a los demás, “así como nosotros perdonamos a quienes nos ofenden.” El Papa Francisco sostiene que el perdón detiene la propagación del mal, porque donde “es necesario poner fin al mal, alguien debe amar más allá de lo necesario, para reiniciar una historia de gracia. El mal sabe cómo vengarse y, si no lo interrumpimos, corremos el riesgo de que el mal se propague y asfixie a todo el mundo.”

Los musulmanes tienen una tradición similar: intentan vivir de nuevo durante el Ramadán. Al-Haythami relata un hadiz del Profeta Mahoma recalcando que “Quien no muestre compasión, no recibirá compasión, y quien no perdone, no será perdonado.” Que el Ramadán sea una oportunidad para que todos nosotros ofrezcamos el don que ya hemos recibido del Dios que es misericordioso y compasivo con todos y cada uno de nosotros: el don del perdón.