Lo que Ceuta nos dice sobre la sociedad que estamos construyendo

23 septiembre 2026

La costa de Ceuta (David Valverde/Unsplash)
La costa de Ceuta (David Valverde/Unsplash)

A finales de julio, miles de personas cruzaron la frontera entre Marruecos y Ceuta, uno de los dos enclaves españoles situados en la costa norteafricana, en busca de una vida digna. Decenas de personas perdieron la vida en el intento.

Si bien Ceuta y Melilla han sido escenario de reiterados intentos de cruce fronterizo durante años, los analistas señalan que un movimiento de tal magnitud se produjo fuera de los patrones migratorios habituales y habría sido difícil sin cierta reducción de los controles, dado el alto nivel de cooperación que normalmente existe entre ambos países. Por otra parte, algunos medios de comunicación y actores políticos aprovecharon la situación para fomentar discursos contrarios a la inmigración, no solo en España, sino también a escala mundial. Por ejemplo, los intentos políticos de vincular el aumento de las llegadas con el programa de regularización de España, que concluyó el 30 de junio, reflejaron esfuerzos por generar temor en torno a las políticas migratorias que van más allá de los enfoques centrados exclusivamente en la contención y la deportación.

Esta instrumentalización, sumada a la falta de una respuesta humanitaria y a la suspensión de los procedimientos migratorios y de asilo, ha alimentado una crisis de cohesión social en Ceuta y reforzado los discursos contrarios a los migrantes.

A pesar de la magnitud de este acontecimiento, la gran mayoría de las personas que cruzaron la frontera hacia Ceuta regresaron a Marruecos en las horas o los días siguientes. Quienes permanecieron en Ceuta viven en una situación de emergencia humanitaria. Carecen de acceso a servicios y bienes de primera necesidad, como alojamiento adecuado, agua, alimentos, instalaciones sanitarias y atención médica esencial. Las mujeres y las niñas se enfrentan a un mayor riesgo de acoso, abusos y otras formas de violencia.

El director del JRS Europa reflexiona sobre la crisis en Ceuta

Al reflexionar sobre estos acontecimientos, Alberto Ares, director del JRS Europa, afirmó: “Lo que ocurrió en Ceuta no fue un ‘accidente’ ni un acontecimiento puramente espontáneo. Fue, ante todo, la consecuencia de la instrumentalización de la migración como moneda de cambio geopolítica”. Y continúa: “A esto hay que añadir el papel de las redes sociales y de ciertos actores políticos en la creación y difusión de un relato de ‘caos migratorio’ y ‘amenaza civilizatoria’. Se avivan los miedos, se polariza el debate, se simplifica lo complejo. Y, mientras tanto, en el centro de todo ello, está el sufrimiento de familias concretas, de personas con nombres y apellidos, y de una ciudad, Ceuta, que vive en primera línea la realidad de una frontera que separa dos mundos radicalmente desiguales. Una ciudad que atraviesa una situación extrema

En referencia al papa Francisco y al papa León XIV, el director del JRS Europa destacó los cuatro verbos en los que ambos han insistido reiteradamente: acoger, proteger, promover e integrar. “No son palabras vacías: constituyen un programa político, ético y espiritual. Lo que está en crisis no es solo la gestión de la migracion: es una crisis de valores, de compasión y de conciencia”. Concluyo: “No podemos normalizar el sufrimiento ni rendirnos ante el miedo. Ceuta nos interpela: nos pide que no olvidemos que, detrás de cada política, hay una decisión sobre que tipo de humanidad queremos construir”.

Una crisis que trasciende Ceuta

La crisis de Ceuta tiene repercusiones que trascienden sus fronteras y están estrechamente relacionadas con dinámicas más amplias de migración y protección. No se trata de un acontecimiento aislado, sino del resultado de decisiones adoptadas a escala mundial para aplicar políticas migratorias cada vez más restrictivas y construir sociedades desiguales y excluyentes, en las que las personas refugiadas y desplazadas por la fuerza son recibidas con hostilidad o indiferencia. Esta situación amenaza la dignidad y los derechos de todas las personas.