¿Qué significa sentirse seguro y protegido? Entrevista con Pie‑Pacifique

10 julio 2026

Nacido en Ruanda, Pie‑Pacifique Kabalira‑Uwase era aún muy joven cuando fue testigo de los horrores del genocidio de 1994. En 2001, abandonó su país en un peligroso recorrido que finalmente lo llevó a solicitar asilo en Sudáfrica, donde ha vivido en el exilio durante 25 años.

A lo largo de los años, continuó sus estudios y obtuvo una licenciatura en Física, para después trabajar como consultor en gestión empresarial. Paralelamente a su carrera profesional, ha mantenido un firme compromiso con otras personas que han vivido experiencias similares: es miembro del Consejo Administrativo del JRS y trabaja por los derechos de las personas refugiadas y otras personas desplazadas forzosamente.

Le preguntamos qué significa para él sentirse protegido. Esto fue lo que nos compartió:

¿Hubo algún momento en que alguien le ayudó o le protegió?

Ha habido muchos, pero mencionaré el más importante. En términos de protección, creo que si uno está en el exilio, es refugiado o solicitante de asilo, la posibilidad de perseguir sus sueños es muy importante. Y todo comienza con la documentación, porque es necesario poder moverse legalmente dentro del contexto en el que uno vive.

Poco después de recibir el estatus de refugiado en Sudáfrica, quería estudiar en la universidad. Me habían concedido un préstamo de estudios; sin embargo, la universidad me informó de que ese paquete de ayuda financiera había sido un error, ya que no existía una política institucional para casos de estudiantes refugiados. La situación empezó a cambiar cuando conocí al decano de servicios estudiantiles.

Fue la primera persona que dijo: «En realidad, tiene usted razón». Después decidió llevar el asunto al consejo de la universidad para su discusión. Fue un proceso largo, pero finalmente la universidad adoptó una nueva política sobre personas refugiadas y creó un fondo para ofrecer apoyo financiero en forma de préstamos estudiantiles.

Sin su ayuda, habría sido muy difícil para mí acceder a la educación superior. En este sentido, me protegió. Y tras la adopción de esta política, muchas personas refugiadas pudieron ser admitidas en la universidad, lo cual fue muy positivo.

¿Qué cambió para usted después de ese momento? ¿Cómo influyó en su trayectoria?

Al principio, cuando llegué a Sudáfrica, estaba en tránsito. Pensaba quedarme solo un breve periodo y después intentar ir al «Occidente», a Europa o a América. Pero cuando comprendí que la educación superior en Sudáfrica era tan buena como en cualquier otro lugar del mundo, y que estudiar siempre había sido mi objetivo, decidí dejar de estar en tránsito.

Me propuse hacer todo lo posible para cursar estudios universitarios en Sudáfrica, convencido de que después podría ir donde quisiera, pero en mis propios términos. Y eso es exactamente lo que ocurrió.

Obtuve un título en Física. Después comencé mi carrera en el sector bancario. Más tarde, pasé a la consultoría en gestión, que es a lo que me dedico actualmente.

No creo que el rumbo que ha tomado mi vida hubiera sido posible sin la comprensión del decano de servicios estudiantiles, que fue la primera persona que, tras hablar con muchas otras, reconoció la validez de mi situación y decidió llevarla al consejo. Fue un acto de protección y un momento decisivo en mi vida.

¿Ha podido alguna vez proteger a otra persona?

Cuando estaba luchando por acceder a la educación superior, libraba una batalla personal. Pero hoy digo esto: si se libra una batalla difícil basada en principios, existe la posibilidad de que, cuando se gana, no se gane solo. Estoy muy agradecido por haber contribuido a que muchas personas refugiadas pudieran beneficiarse de esa política en la universidad.