La paz a través de la reconciliación, otra parte de la misión del JRS

17 febrero 2026|Danielle Vella, Responsable del Programa de Reconciliación del JRS Internacional

Ingredientes comunes del compromiso del JRS por la reconciliación. No solo buscar justicia sino también curar las heridas de la injusticia. Equipo de JRS en Tapachula, México (Servicio Jesuita a Refugiados).
Equipo de JRS en Tapachula, México (Servicio Jesuita a Refugiados).

Cicatrices de ira surcaban su espalda. Se las hizo cuando una milicia progubernamental lo detuvo ilegalmente y lo torturó. El contexto era la guerra civil de Sri Lanka, a finales de la década de 1990, pero este tipo de historias resuenan omnipresentes a través del espacio y el tiempo. Para mí, lo que hizo que esta fuera notable fueron las palabras espontáneas del joven: “Perdono, porque si no lo hago, el ciclo de violencia continuará.”

Antonia, otra esrilanquesa, fue testigo de la violación y el asesinato de su hija Aida a manos de soldados. A pesar de sus frustrantes e inútiles intentos de que se haga justicia, afirma con serenidad: “No me sirve de nada la venganza. Dejemos que Dios juzgue.” Estos encuentros me enseñaron que no basta con buscar la justicia, ni mucho menos con su aplicación humana. Se necesita más para curar las heridas de la injusticia.

Esta constatación me empujó a implicarme cuando el JRS optó por hacer de la reconciliación una parte intencional e integral de su misión. Durante una reunión en Camboya en 2013, hicimos nuestra la visión jesuita de la reconciliación para “establecer relaciones justas” (CG 35). Exploramos la experiencia del JRS hasta el momento y nos dimos cuenta de que el tema surgía de forma natural al acompañar a los refugiados, que son el “producto” de la división y la violencia, que a menudo experimentan en sus viajes y también en los países de acogida.

Actividades de reconciliación con jóvenes en Addis Abeba, Etiopía (Francesco Malavolta/Servicio Jesuita a Refugiados).

Una década después, el JRS sigue caminando hacia el horizonte de la reconciliación. Aunque difiere de un lugar a otro para adaptarse al contexto, nuestro enfoque tiene ingredientes críticos comunes. En primer lugar, la reconciliación parte de cada uno de nosotros. En segundo lugar, desarrollamos la capacidad de los equipos del JRS y de los socios comunitarios para fomentar la reconciliación, incluyendo a profesores y estudiantes, líderes comunitarios y religiosos, asociaciones de mujeres y de jóvenes. Tercero, facilitamos espacios seguros en los que las personas de grupos divididos puedan conocerse y escucharse, construyendo gradualmente la confianza y la relación.

Por ejemplo, en el norte de Uganda, el JRS reunió a un grupo de jóvenes sursudaneses y locales que estaban divididos tanto por la problemática dinámica entre refugiados y anfitriones como por sus historias tribales. Al principio, evitaban el contacto visual y guardaban silencio durante las reuniones. Al cabo de un año, se habían acercado tanto que se advertían mutuamente si se estaban gestando problemas intercomunitarios.

Los valores de la verdad, la misericordia, la justicia y la paz dirigen nuestras acciones en favor de la reconciliación en todo el mundo.

Lamentablemente, la discriminación y la hostilidad siguen siendo omnipresentes. Nuestros equipos no se libran. Como microcosmos de sus sociedades, a veces reflejan las tensiones imperantes. “Si recuerdo de qué grupo étnico vienes, ni siquiera podré mirarte”, le dijo un maestro del JRS a otro durante un taller de reconciliación. No ignoramos tales tensiones. Al contrario, intentamos crear espacios lo suficientemente seguros para que puedan articularse y reconciliarse.

No nos falta inspiración. Una fuente continua son nuestros coordinadores locales de reconciliación. Million se vio obligado a huir de la región septentrional etíope de Tigray en 2020 cuando estalló la guerra. Su sencillo consejo de “conceder a todo el mundo el beneficio de la duda” es esencial para la reconciliación: no des por sentado que alguien es malo solo porque provenga de tal o cual grupo que has tachado de enemigo.

Actividades de reconciliación en Ruyigi, Burundi (Servicio Jesuita a Refugiados).

Kim quedó huérfana a causa del conflicto de Manipur, en el noreste de la India. Dice: “Realmente quiero decirle a la gente que el perdón es posible y liberador. Luché contra el odio hacia los que mataron a mi madre. Cuando comprendí cómo Jesús murió por la gente que lo odiaba, supe que yo debía hacer lo mismo.”

Daniel también luchó con el perdón. Fue desplazado de su pueblo natal en Colombia, donde su familia se enfrentó a las amenazas tanto de la guerrilla como de los paramilitares. Lo recuerda así: “A los 20 años me enteré de que mi padre había sido obligado a colaborar con los paramilitares. Esto me llenó de rabia y decepción. Sin embargo, llegué a comprender que a veces la gente no tiene elección. Nos abrazamos y pedimos perdón, reconociendo la complejidad de nuestras circunstancias.”

Otros ministerios jesuitas también nos inspiran. En 2023, el padre Fouad Nakhla me invitó a realizar un taller de narración de cuentos en el centro cultural jesuita de Jaramana, Damasco. El centro es un espacio de encuentro genial para personas de diversos grupos de la sociedad siria. Aunque habían vivido la guerra, los participantes en el taller prefirieron centrarse en las posibilidades del espacio seguro que habían creado en el centro. Encontraron poder en la experiencia compartida de seguir adelante y escribir juntos el siguiente capítulo de sus historias.

Hay mucho potencial en los espacios de encuentro, donde cada uno se convierte en un agente de transformación, dando un nuevo sentido a su vida al compartir y renovar su esperanza. Como dijo un joven en Jaramana: “Mi historia no está cerrada. El pasado lo está, pero cómo recordamos y cómo contamos la historia puede influir en el futuro.”

*Este artículo fue publicado originalmente por la Curia Generalizia della Compagnia di Gesù (Compañía de Jesús).