Entrevista: Servir a las personas desplazadas en Ucrania con compasión y hospitalidad
24 febrero 2026
Cuatro años después de la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia, la población sigue enfrentándose a consecuencias dramáticas, agravadas por el crudo invierno y los ataques contra la infraestructura energética del país.
En este contexto, hablamos con Olesia, que trabaja con JRS Ucrania, apoyando a personas obligadas a huir de sus hogares. Ella reflexiona sobre cómo, ante una situación tan extrema, los actos de compasión y hospitalidad curan las heridas invisibles de la población afectada de Ucrania.
¿Cuál es el principal reto al que se enfrenta en su trabajo en Ucrania?
La incertidumbre. Nunca se sabe lo que va a pasar mañana. Aunque es algo que todos experimentamos en todo el mundo, en Ucrania se ve agravado por la guerra en curso, los constantes ataques con misiles, las oleadas de desplazamientos, los cortes de electricidad, etc.

Aunque trabajamos para encontrar soluciones a largo plazo, planificamos y elaboramos estrategias, la realidad del desplazamiento hace que a menudo surjan necesidades urgentes de forma inesperada y tengamos que adaptarnos dentro de los límites de los recursos disponibles.
¿Qué valores le guían más en su trabajo diario con las personas desplazadas en Ucrania?
La compasión y la hospitalidad son los que más me guían.
Es fácil ver a los refugiados como «otros», incluso cuando son personas de tu propio país, como es el caso de los desplazados internos en Ucrania. Son nuevos aquí, no entienden los chistes locales, no conocen las cafeterías famosas, no saben qué autobús tomar desde la estación de tren hasta el refugio, aunque solo sea un paseo de solo quince minutos.
Lo que saben es que nunca más podrán dormir en su cama porque su casa ha sido alcanzada por un misil y ya no existe, o que quizá nunca vuelvan a ver a sus amigos o familiares, que están sirviendo para proteger lo que queda de su precioso jardín. También saben que tendrán que empezar una nueva vida y, por supuesto, que tendrán que aprender qué autobús tomar para llegar al refugio.

Las personas cargan con mucho más que las maletas con las que llegan. Para mí, la compasión y la hospitalidad significan reconocer ese peso invisible y responder con humanidad, paciencia y respeto.
Vivir los valores que defendemos implica prestar mucha atención a las interacciones cotidianas y escuchar de verdad a las personas a las que servimos. En última instancia, se trata de dedicar tiempo a escuchar, estar atentos a lo que la gente realmente está viviendo y abordar cada situación con humildad y con el corazón y la mente abiertos. Incluso en contextos vertiginosos y a menudo abrumadores, las personas deben sentirse vistas y escuchadas.
En este momento tan difícil, profundamente marcado por los recortes en las ayudas, ¿qué señales de esperanza ve en el horizonte?
A pesar de todo, conservo una gran esperanza cuando veo la resiliencia, la solidaridad y el compromiso cívico de las y los ucranianos. Servimos, donamos, hacemos voluntariado y nos apoyamos mutuamente.
En el marco de nuestro trabajo, he conocido a muchas personas que acuden en busca de ayuda de emergencia y que, al mismo tiempo, están profundamente decididas a seguir activas y a ser útiles: estudiar, trabajar, hacer voluntariado y reconstruir. A menudo preguntan cómo pueden apoyar a otras personas pese a sus propios problemas.
Esta doble realidad – de vulnerabilidad y fortaleza – ha sido realmente inspiradora. La resiliencia y la fuerza interior del pueblo ucraniano, junto con la solidaridad y el apoyo que recibimos de las amistades internacionales de Ucrania, mantienen alta mi esperanza. Al final, el bien debería prevalecer siempre sobre el mal.