El reto de ofrecer educación en el campamento de Ban Mai Soi
Mae Hong Son, 1 de enero de 2011 – Mu Reh tiene una sonrisa contagiosa. Al acabar su educación post secundaria en formación de liderazgos, tiene muy claro que algún día se convertirá en una líder comunitaria.
Pero es consciente de los retos.
"Es difícil para una mujer ser líder en un campamento porque se supone que los varones son valientes y que las mujeres son tímidas y que valen menos que los hombres", dice.
En el campamento de Ban Mai Nai Soi, en el norte de Tailandia, donde viven la mayoría de los refugiados karenni procedentes de Birmania, parece que hay una falta de liderazgo.
Pero Mu Reh aún no está preparada para dar el paso. Como mujer joven que es, dice que no se siente lo suficientemente preparada y cree que aún le falta para que la gente la escuche. Delgada, esta adolescente karenni de largos cabellos negros y que luce sus collares alrededor del cuello, Muh-Reh quizás habla suave, pero su presencia es fuerte.
Mu Reh acudió a la escuela hasta que su madre murió. Apenas había comenzado la secundaria. Desde entonces, se convirtió en la responsable de sus hermanos.
A pesar de esta tarea, siguió educándose por su cuenta y la aceptaron en el curso de liderazgo para quienes ya habían superado la secundaria. Tras graduarse al año siguiente, ella prefirió seguir con su formación. En vez de solicitar una plaza en un programa de reasentamiento en un país desarrollado como Estados Unidos, Muh-Reh eligió permanecer en el campamento.
La gente de Birmania empezó a asentarse en esta área en 1989 tras el estallido de violencia entre los karennis y el ejército birmano. Siete años después, el JRS comenzó a trabajar con el Departamento de Educación Karenni (KnED).
Hace trece años, en colaboración con el KnED, el JRS se puso a trabajar en este campamento, centrándose en ofrecer servicios educativos a los refugiados.
Mientras que el KnED, gestionado por los refugiados karenni, es responsable de ofrecer educación a todo el campamento, el JRS apoya a los maestros, facilita los suministros necesarios, y organiza los talleres de formación de maestros. El JRS y el KnED trabajan juntos para solucionar algunos de los retos en este entorno continuamente cambiante.
Uno de estos cambios viene dado por el reasentamiento de maestros y estudiantes a lo largo del curso escolar. Por esta razón, los suministradores de servicios tratan de reducir la formación de maestros a dos semanas. Y por ello, algunos adolescentes, que apenas han completado cinco años de educación secundaria, son responsables de enseñar a sus iguales. No hay que decir que los índices de deserción escolar van en aumento.
"Es difícil enseñar a estudiantes de tu misma edad. No hay respeto por el maestro", dice Christina, una profesora de matemáticas de la escuela superior.
Así que el JRS sigue dando respuesta a estos problemas junto al KnED haciendo los cambios necesarios para responder a las necesidades de los estudiantes y maestros.
Falta de motivación
Hay pocas opciones para quienes viven en este campamento de refugiados. La gente o bien se reasienta en un nuevo país – normalmente Estados Unidos o Australia – o bien se queda en el campamento. Regresar a Birmania casi nunca es una opción.
En los pasados 20 años, la población de este campamento en esta remota jungla ha aumentado a más de 15.000; muchos de ellos no están inscritos como refugiados ya que el gobierno tailandés estableció una moratoria para las peticiones de asilo en 2006. Al no existir oficialmente, los recién llegados no pueden solicitar el reasentamiento.
A la gente no se le permite traspasar los límites del campamento. Como no se requiere un diploma para conseguir un trabajo decente, muchos estudiantes no ven la necesidad de acabar la escuela. Algunos continúan su educación, mientras que otros abandonan y buscan un empleo en organizaciones comunitarias u ONG, o se quedan desempleados. Este es un ciclo continuo que no cambia nada.
"Muchos padres no han recibido educación. No apoyan a sus hijos porque no entienden el valor de la educación", dijo Marcel, el coordinador de la escuela superior.
Sin embargo, tras haber enseñado inglés en la escuela superior durante seis años, Marcel entiende la importancia de la implicación familiar.
Para responder a ello, el KnED puso en marcha un programa de vinculación entre la escuela y el hogar en 2005. Cada escuela cuenta con un miembro del personal que realiza visitas al hogar y se reúne con los estudiantes y sus familias para hablar de las ausencias y de otras cuestiones.
Los miembros del personal están formados para analizar la vida familiar de los estudiantes que son motivo de preocupación. El foro para la protección de la infancia en el campamento y el responsable de advocacy y defensa de la infancia de la Oficina Católica para la Ayuda de Emergencia y los Refugiados (COERR, por sus siglas en inglés) están informados de cualquier estudiante menor de 18 años que abandona la escuela.
Mu Yain, la gerente para el programa de vinculación escuela-hogar, ha puesto en marcha talleres para educar a los progenitores a ser padres.
"La mayoría de los papás piensan en las necesidades materiales y se olvidan de las psicosociales", dijo, explicando que ser padres va más allá de alimentar y vestir al hijo, sino que incluye también ayudar al niño a descubrir quién es.
Este programa junto a la recién formada asociación de Padres y Maestros del KnED está trabajando en la importancia de la involucración en educación.
Uno de los retos a los que se enfrentan las ONG es empoderar a los refugiados en un entorno que depende excesivamente de la asistencia externa. Las ONG han hecho todo lo que han podido para ofrecerles apoyo; pero muchos creen que hacen demasiado. Por ejemplo, algunas ONG han llegado a pagar a gente para hacer cosas que deberían ser responsabilidad de la comunidad.
"Si vamos a promover la educación, entonces en la comunidad todos deberían asumir la responsabilidad… Muchas ONG hablan de derechos, pero a menudo se olvidan de las responsabilidades", dice Khu Bue Reh, jefe de estudios de la escuela superior.
Otros, sin embargo, aplauden toda la asistencia que llega de las ONG. Pero unos y otros, líderes comunitarios y ONG, quieren trabajar conjuntamente.
Ellos deben ayudarnos a garantizar que el desarrollo de sus comunidades sea sostenible, dijo el director del proyecto del JRS en Mae Hong Son, Joe Hampson SJ.
Acompañamiento hoy y mañana
Desde 2004, el KnED ha formado a maestros en educación especial para acompañar a los niños en las escuelas y ayudarles a participar en sus clases. Los estudiantes con graves discapacidades físicas y mentales reciben visitas domiciliarias y clases particulares.
Desafortunadamente, las dificultades financieras han obligado a quienes suministran estos servicios a reducir los cursos de formación en educación especial para maestros de cuatro a dos semanas. Sin embargo, los maestros siguen muy interesados en ayudar a estas familias y se sienten optimistas en cuanto a cómo el programa ha roto prejuicios en el campamento.
"Antes de este programa, algunas personas en la comunidad mostraban muchos prejuicios sobre los niños con discapacidades. Este programa les ha ayudado a ser más tolerantes", dijo Khu Bue Reh.
Mientras que los maestros de educación especial ayudan a los estudiantes, el JRS sigue acompañando a los refugiados tanto a nivel individual como al campamento en general. El JRS y el KnED deben hacer frente a grandes obstáculos. Ambos están presentes en el campamento y trabajan junto a la gente que también está comprometida en la mejora de la vida en el lugar.
"Muchas ONG se quedan dos o tres meses, pero el JRS está aquí desde hace tiempo. Si hay una necesidad, allí estará el JRS. El JRS estará aquí hasta que el último de los refugiados se vaya", dijo Marcel.
Oliver White y Molly Mullen
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