La monotonía cotidiana desmotiva a los estudiantes
La etnia vietnamita de los montagnards forma el mayor grupo de refugiados en Camboya. A diferencia de otros refugiados en el país, los refugiados urbanos, los montagnards permanecen en centros cerrados, bajo custodia, en la capital, Phnom Penh.
De hecho, se trata de centros de detención ya que sólo pueden abandonarlo por razones médicas. Esta política obstaculiza la provisión de servicios de educación a este grupo, y, en consecuencia, afecta negativamente a su salud mental.
Sin prueba alguna, el gobierno les acusa de formar parte de un movimiento de resistencia armada que, presuntamente, proseguiría su lucha desde Camboya. El gobierno niega a los refugiados montagnards la oportunidad de integrarse en Camboya basándose en razones de seguridad nacional, pero no hace más que ceder a las presiones de su poderoso vecino, Vietnam. Reconocidos por la agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR) como refugiados, se ha dicho a los montagnards que acepten el reasentamiento en un tercer país o que regresen a sus casas.
Dado que no se les permite salir del centro, los refugiados reciben la educación allí mismo, lo que conlleva una serie de obstáculos. Los espacios son pequeños y están diseminados por todo Phnom Penh. Tampoco queda claro cuánto tiempo permanecerán en Camboya, aún cuando su estancia se preveía breve. Además, la política del ACNUR niega los servicios educativos a solicitantes de asilo rechazados, los más numerosos, aún cuando estos continúen en los centros a la espera de su deportación durante meses. En consecuencia, no es posible crear un sistema educativo paralelo. Por desgracia, sólo se podía facilitar clases de inglés y algunas actividades recreativas para los niños.
Resultaba difícil motivar a los refugiados para que asistieran a las pocas actividades disponibles. Sin derecho a trabajar y con apenas espacio para deportes u otras actividades, se sumieron en la apatía. La falta de ejercicio, entre otras cosas, condujo a un aumento en el número y frecuencia de visitas al médico. Un pequeño dolor de cabeza por dormir demasiado se convierte en migraña. Algunos pierden el apetito y empiezan a perder peso. Una mujer se sintió tan deprimida que no quería salir de su habitación. Los refugiados aguardan ansiosos la hora de las visitas, aún cuando las reciben a diario. La incertidumbre de sus visitas es la única variación en su monótona rutina diaria.
Esta política ha sido particularmente dura para los niños. Echan en falta una educación adecuada. Por ejemplo, los niños que ya fueron reubicados — en Canadá, Finlandia y EE.UU. — no sólo se encontraban en desventaja por razones del idioma en sus nuevos países, sino por el uno o los dos años de educación perdidos. Negarles la libertad de movimiento impactó directamente en su derecho a la educación.
La migración forzosa es a menudo traumática por si misma. La detención y la negación de los derechos fundamentales pueden llegar a intensificar este trauma. Aunque la experiencia de cada refugiado es única, el impacto de las políticas del gobierno camboyano sólo puede ser negativa. Un refugiado describió la vida en un campamento cerrado “como otra manera de morir …"
Anne Peeters, ex-responsable legal del JRS Camboya
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